2026: menos volumen, más selectividad
Uno de los rasgos más claros que marcará el año 2026 será la consolidación de un mercado más selectivo. La demanda no desaparece, pero cambia. Los compradores —tanto finales como inversionistas— estarán mejor informados, compararán más alternativas y exigirán fundamentos sólidos antes de comprometer capital.
Esto implica que:
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No todos los proyectos lograrán reactivarse al mismo ritmo.
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Las ubicaciones, escalas y programas mal calibrados quedarán más expuestos.
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Los activos bien estudiados, correctamente tasados y alineados con su entorno tendrán una ventaja competitiva real.
En este contexto, la tasación deja de ser un trámite y pasa a ser una pieza estratégica. Entender el valor no solo como un número, sino como una conclusión técnica respaldada por datos de mercado, normativa, absorción y riesgo, será clave para 2026.
La importancia del análisis territorial y normativo
Otro de los grandes ejes que marcarán el mercado inmobiliario en 2026 es la creciente influencia del factor territorial. Las brechas entre comunas, ciudades e incluso barrios seguirán ampliándose. Mientras algunos sectores muestran señales tempranas de reactivación, otros continuarán con altos niveles de stock y baja rotación.
A esto se suma un entorno normativo cada vez más determinante:
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Cambios en planes reguladores.
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Restricciones de densidad o altura.
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Nuevas exigencias ambientales y de mitigación.
En este escenario, los estudios inmobiliarios con enfoque territorial adquieren un valor crítico. No basta con analizar el activo en sí mismo; es imprescindible comprender cómo dialoga con su entorno urbano, su marco regulatorio y su proyección de desarrollo a mediano plazo.
Inversionistas más cautos, pero más sofisticados
El 2026 no será un año de apuestas impulsivas. Por el contrario, se espera un inversionista más cauteloso, pero también más sofisticado. Fondos, family offices y actores patrimoniales estarán activos, aunque con criterios mucho más exigentes en materia de riesgo, rentabilidad y respaldo técnico.
Aquí se refuerza otro pilar clave: la construcción de confianza a través del conocimiento. Los informes de mercado, estudios de factibilidad y análisis de mejor y mayor uso serán herramientas fundamentales para destrabar decisiones que hoy se encuentran en pausa.
En este sentido, el valor del análisis independiente y técnicamente sustentado será un diferenciador. Especialmente en activos de mayor escala o complejidad —suelo urbano, proyectos mixtos, activos comerciales o industriales— donde los errores de diagnóstico tienen impactos significativos.
2026 y el desafío del valor real
Uno de los aprendizajes más relevantes de los últimos años es la distancia que puede existir entre expectativas y realidad. El 2026 obligará al mercado a enfrentar con mayor madurez el concepto de valor real.
Esto implica:
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Ajustar expectativas de precios a condiciones efectivas de mercado.
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Reconocer que el valor es dinámico y depende del contexto económico y urbano.
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Utilizar metodologías de tasación acordes al tipo de activo y su etapa de desarrollo.
La transparencia en la determinación del valor no solo facilita transacciones, sino que también ordena el mercado y reduce fricciones entre propietarios, desarrolladores, financistas y compradores.
Un mercado que premia la información de calidad
Si hay una constante que atravesará todo el 2026, será la necesidad de información confiable. En un mercado donde los márgenes son más estrechos y las decisiones más cuidadosas, la calidad del análisis se transforma en una ventaja competitiva.
Por eso, los estudios inmobiliarios ya no son solo una herramienta de respaldo, sino un insumo estratégico para:
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Definir si un proyecto avanza, se ajusta o se posterga.
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Determinar precios de salida realistas.
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Evaluar escenarios de riesgo y sensibilidad.
Este enfoque, basado en datos, experiencia y lectura profunda del mercado, es parte esencial del trabajo que impulsa BMI, con una mirada puesta no solo en el presente, sino en la sostenibilidad de las decisiones en el tiempo.
Mirando el 2026 con perspectiva
El 2026 no será un año de soluciones rápidas ni de resultados automáticos. Será un período donde el conocimiento, la planificación y la capacidad de análisis marcarán la diferencia entre quienes logren adaptarse y quienes queden rezagados.
Desde esta perspectiva, el rol de los estudios inmobiliarios, las tasaciones fundamentadas y el análisis estratégico se vuelve central. No como promesa de certezas absolutas, sino como la mejor herramienta disponible para navegar un mercado exigente y en transformación.
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El 2026 se construirá sobre decisiones mejor informadas. Y en ese camino, el análisis inmobiliario será más relevante que nunca.



